Universidad de Talca

La tragedia del Green Cross

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Durante la noche del 3 de abril de 1961 el avión Douglas DC-3 de LAN protagonizó un accidente en la zona cordillerana de la Región del Maule donde perecieron sus 24 ocupantes, entre ellos jugadores del equipo Green Cross, que volaba hacia la capital del país, junto a los pilotos, cuerpo técnico, y otros pasajeros. Tras diez días de intensa búsqueda, los restos de la aeronave fueron encontrados en el cerro Lástimas, a más de 3 mil metros de altura, cerca del Nevado de Longaví en lo que hasta ese año fue considerada como la operación naval y aérea más grande de la historia de Chile.

La noticia tuvo un gran impacto en la población y no sólo se conmemoró la tragedia con el nombre del equipo, sino incluso al mismo campeonato donde participó el equipo se le llamó Copa Chile Green Cross 1961, en honor a los jugadores caídos. El Green Cross fue un equipo de fútbol santiaguino fundado en 1916. En abril de 1961 el Green Cross se encontraba en Osorno compitiendo contra la Selección de Osorno, siendo derrotados 1-0. Ambos equipos se encontraban participando en la Copa Chile de 1961. Su regreso a Santiago estaba programado para el 3 de abril. Eran dos aviones destinados para el regreso, pero debido a la alta demanda de pasajes producto de Semana Santa y la cantidad de escalas realizadas por uno de los aviones, muchos jugadores escogieron viajar en el Douglas LAN 210. Curiosamente la máquina estrellada era considerada la más segura por operar con cuatro motores, a diferencia de la otra que sólo contaba con dos. El ex-jugador Héctor Toledo se embarcó en el avión que llegó a destino, y en una entrevista para La Tercera recordaba una llamativa ironía: “Nuestros compañeros que iban en el avión que cayó nos empezaron a decir ‘los ocho sentenciados: Manchester United, Torino y Green Cross’, en alusión a los accidentes aéreos que tuvieron esos clubes. Quién iba a imaginar que ellos iban a ser los sentenciados”.

El diario La Mañana hizo su primera referencia al siniestro el 5 de abril donde afirmó que la empresa LAN comenzó la búsqueda del avión cerca de las 4 de la madrugada del 4 de abril, para esta operación fueron enviados 3 aviones de búsqueda que rastrearon de mar a cordillera cubriendo una amplia zona que incluía Santiago, Santo Domingo, Curicó, Linares, Concepción y Los Ángeles. Lamentablemente la tarea se vio limitada por las condiciones climáticas.

El 10 de abril, tras cumplirse una semana de la desaparición del Douglas DC-3 de LAN en lo que el diario la Mañana consideró hasta el momento la operación naval y aérea más grande de la historia nacional, fue hallado a las 13:30 horas en los Nevados de Longaví, específicamente en el Cerro Lástimas, a 3 mil 200 metros de altura.

Historia de la búsqueda

Antes del hallazgo hubo numerosos reportes de supuestos avistamientos que provenían de lugares diversos como Constitución, Mataquito, Iloca y Molina. Aun así, patrullas de toda índole rastrearon los territorios señalados sin tener resultados.

La búsqueda no cesó ningún día. Hasta ese momento se acumulaba una extraordinaria cantidad de testimonios de personas que afirmaban haber visto o sentido el avión, pero nada real sucedía. Según informó La Mañana el 6 de abril de 1961, el gobierno argentino autorizó a que aviones chilenos cruzaran la frontera 25 millas del límite entre los paralelos 35 y 38, con intención de colaborar de alguna manera en la búsqueda. La FACH, por su parte, envió cuatro bombarderos a explorar el territorio argentino. Organizaciones civiles, como el Club Aéreo de Chile puso a disposición de las operaciones sus ocho aviones disponibles.

El 6 de abril, un grupo de técnicos aéreos calculó que el avión posiblemente habría caído en la zona cordillerana, por lo que los esfuerzos se comenzaron a centrarse en esa zona. Pero todo en vano. Las esperanzas de encontrar el Douglas disminuían paulatinamente, y con ello su búsqueda. La publicación de La Mañana del sábado 8 de abril daba cuentas de esa disminución paulatina: “La observación aérea (…) ha disminuido, ya que el miércoles despegaron 38 aviones, ayer 28 y hoy sólo 17”.

Ese mismo día surgió el rumor que el avión estaba en el sector de Reloncaví, de Chillán a la cordillera. Esta información fue desmentida rápidamente ya que el territorio había sido rastreado minuciosamente por aviones y civiles.  En un intento desesperado, la empresa LAN ofreció una gratificación de 5 mil escudos a quien encuentre algún rastro del avión accidentado, con el fin de aprontar su ubicación. Se hizo énfasis para rastrear entre Linares y Longaví. Así, arrieros y campesinos conocedores de la zona se unieron a la búsqueda.

La Mañana informaba que el jefe de Carabineros de San Clemente, Álvaro Castillo, envió el 9 de abril una patrulla de búsqueda destinada a permanecer en la zona cordillerana por varios días para confirmar con seguridad que el avión no se encontraba ahí. Nuevamente las esperanzas se esfumaban.

El 10 de abril, tras cumplirse una semana de su desaparición, finalmente fue hallado el avión. Ese día La Mañana publicaba: “Profunda conmoción causó (…) la noticia de la ubicación de los restos del Douglas DC-3 210, en el Nevado de Longaví, a tres mil doscientos metros de altura, diligencia que se cumplió poco antes de las 13:30 horas”. Se encontraba específicamente en el Cerro Lástimas, sin sobrevivientes.

Un carabinero en retiro, Artemio González, insistía desde el 9 de abril que estaba en conocimiento de dónde el avión había caído, especificando el sector de Nevado de Longaví. Pero las autoridades no daban oídos considerando que muchos de los supuestos avistamientos no prosperaron, se entendió lo dicho por Artemio como fantasías. Sólo la Escuela de Artillería de Linares escuchó la sugerencia y ordenó patrullar el sector. Es a partir de ahí que LAN se animó a patrullar Nevados de Longaví.

El hallazgo se produjo cuando aviones de la FACH y de LAN realizaron quizás uno de sus últimos intentos por localizar el avión, cuando a medio día el mismo Artemio González divisó los restos del Douglas en las cumbres cordilleranas. La publicación del 12 de abril de La Mañana creaba la idea de un lugar casi irreal: “El avión se encuentra en una especie de gigantesca gruta, donde caen especies de cerotes de hielo desde los ventisqueros, dando un aspecto fantástico con una laguna de fondo (…) El lugar es muy difícil de franquear”.

El 16 de abril, La Mañana informaba que los 24 cadáveres fueron trasladados en 7 camillas, por una cuestión de espacio dentro de los helicópteros. La etapa de reconocimiento de los cuerpos fue dura y llevadera, posteriormente los cuerpos encontrados fueron enviados a sus respectivas ciudades, mientras que los no encontrados tuvieron una despedida simbólica. Custodio Sepúlveda, quien fuera ex-jugador del Green Cross entre 1957 y 1964, viajaba en el segundo avión y en una entrevista al Mercurio afirmaba que “las patrullas de rescate encontraron el fuselaje, pero ningún cuerpo, solo algunas partes que nadie sabía de quiénes eran. En el funeral tuvimos que cargar cajones llenos de piedras”.

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