Universidad de Talca

Constitución

 

El río Maule y la calidad de sus maderas marcaron el destino de lo que sería la ciudad costera de Constitución.  El español Santiago de Oñederra de Bilbao, conocedor del roble maulino desarrolló, en conjunto a pobladores de la zona, la construcción de embarcaciones navales de calidad, atrayendo a diferentes marinos del continente y de España. Así, desde finales del siglo XVIII maestros navales vascos, apoyados por hacendados talquinos, comenzaron a incentivar el establecimiento  de una villa en la boca del Maule. Esto se concretó el 18 de junio 1794, gracias a un decreto emitido por el gobernador de la época, Ambrosio O’higgins, quién autorizó la fundación de Nueva Bilbao de Gardoqui.  Posteriormente, en 1797, esta nueva villa del Maule fue anexada a la jurisdicción de San Agustín de Talca.

Entre 1784 y 1813, debido a la calidad de la madera de Nueva Bilbao, la mayor cantidad de embarcaciones de Chile fueron construidas en esta zona, gracias a la instalación de maestranzas navales en los alrededores de la desembocadura del río. Esta situación fue beneficiosa para los astilleros, sobre todo en los primeros años de la independencia nacional, ya que existía “la necesidad de constituir una Escuadra Nacional que defendiera la costa chilena y apoyara la liberación del Perú. Esto permitió la consolidación definitiva de la construcción naval en el Maule con inversiones públicas directas en el Astillero del Estado”. Así, entre 1820 y 1835 la producción astillera de Nueva Bilbao fue una de las más importantes del país.

Debido a su posición geográfica y a sus potenciales condiciones exportadoras, en el año 1828 se declaró a esta villa como Puerto Mayor, iniciando un proceso de progresiva consolidación dentro del territorio nacional. Esto generó, además, el interés en las autoridades de la época de cambiar el nombre de Nueva Bilbao por uno más representativo para la zona y una de las posibilidades que se consideró fue la de bautizar a esta villa como Abate Molina. Sin embargo, esto no prosperó y el 5 de agosto de 1828 se bautizó como Constitución en homenaje a la carta magna que se había implementado en el país ese mismo año, reforzando el inminente republicanismo chileno.

En su situación de Puerto Mayor, la fiebre del oro en California y la demanda triguera generó una gran expansión de la ciudad, alcanzando entre 1850 y 1866 un gran nivel de desarrollo convirtiéndose, en 1865, en el puerto exportador de harina más importante del país. Además de esto, el inicio de la construcción del ferrocarril central a Talca impulsó la demanda permanente de madera de esa zona, por lo que este dinamismo económico permitió que en Constitución se conformara una sociedad diversa que le dio al puerto una identidad “cosmopolita, liberal y dinámica”.

Por otra parte, el abastecimiento de esta zona estaba mediado por el rol de los guanayes, quienes a bordo de sus faluchos se encargaban de proveer de mercadería y de trasladar pasajeros entre las diferentes localidades que bordeaban el río Maule, sobre todo cuando el ferrocarril entre Talca y Constitución no se había construido. Estos navegantes de río y mar “demarcaron profundamente el imaginario maulino del siglo XIX, convirtiéndose en un símbolo humano del dinamismo regional alcanzado durante estos años”. La navegación estimuló también el desarrollo de este puerto como un balneario turístico, siendo un lugar escogido desde finales del siglo XIX y principios del XX por parte de elite chilena para pasar sus vacaciones.

A principios del siglo XX, Constitución se consolidaba como una ciudad avanzada que  contaba con servicio de agua potable, luz eléctrica, teléfono y los primeros estrenos cinematográficos. Sumado a esto, el ramal Talca-Constitución, luego de 26 años de construcción, comenzaba a realizar sus primeros viajes entre ambas ciudades. Sin embargo la construcción de este último, a pesar de ser una muestra de modernización, generó procesos opuestos para este puerto. Por una parte permitió una conectividad mayor con Talca y el aumento del intercambio de productos, pero por otra afectó el comercio y el traslado fluvial liderado por los guanayes, desencadenándose la pérdida de su categoría como Puerto Mayor en 1883. A raíz de esto, Constitución dejaba a tras su vocación portuaria y se volcaba hacia el turismo y a la consolidación de sus espacios como balearios estivales, por lo que “de esta forma, se llegaba a un punto culmine tanto para las nuevas actividades, como también del fin de aquellas que habían soportado sobre sus hombros el desarrollo local del puerto durante el siglo XIX. La llegada del ferrocarril a la ciudad de Constitución, hacía ya totalmente innecesario el transporte de personas por medio de lanchas y vapores, cerró así el ciclo del puerto, poniéndole fin a un modelo de desarrollo que, de ahí en adelante, tendría al turismo como uno de sus actividades económicas principales”.

En la actualidad Constitución continúa con su vocación maderera y se ha consolidado como un destino turístico para los visitantes de la séptima región, sobre todo, en época estival.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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