Universidad de Talca

Año Nuevo en el Cementerio de Talca

Un verdadero rito desde 1979

La noche del 31 de diciembre de cada año es motivo de una masiva y curiosa asistencia en el Cementerio General de Talca. Miles de personas asisten al reciento para recibir al nuevo año acompañando las sepulturas de sus seres queridos. Abrazos, champaña, comida, flores y cotillón son parte integral del festejo.

Pero el origen de este popular rito guarda más relación con una actividad familiar realizada en serenidad, y se remonta hace 38 años. Don Julio Opazo Silva fue un antiguo funcionario del cementerio talquino, en los tiempos que la institución pertenecía al Servicio Nacional de Salud. Casado con doña Elvira Albornoz, vivían con sus hijos en las proximidades del recinto, por lo cual, el cementerio fue siempre un lugar significativo, constante y muy presente en la vida  familiar.

Don Julio Opazo falleció el 7 de mayo de 1979 y su familia lo sepultó precisamente en el mismo cementerio donde trabajó por tantos años. La familia Opazo Albornoz, atendiendo al vacío generado por su ausencia y aprovechando la cercanía que siempre mantuvieron con el cementerio, decidió esperar al año 1980 con una solemne y religiosa visita a la sepultura de quien fuera su referencia paterna. En ocasiones disponían de llaves para ingresar a los espacios, otras con un poco menos se suerte, debían saltar murallas. Pero lo conseguían.

Como vemos, la curiosa práctica mantiene una estrecha relación con las experiencias de una vida ligada al cementerio. La relevancia del recinto se explica a través del impacto que este tuvo -y tiene- en la vida de la familia Opazo Albornoz, influyendo en sus relaciones y desenvolvimiento económico, y estableciéndose como un espacio geográfico común de sociabilidad. Incluso la identificación con el espacio va más allá de la vida laboral de don Julio Opazo, porque su hijo -también llamado Julio- trabajó también como funcionario en el cementerio. Por otro lado, su hija Elisa instaló la marmolería “La Paz” en las cercanías del cementerio hacia fines de la década de 1970, la cual funciona hasta la actualidad en el mismo lugar que hace casi 40 años.

La familia Opazo Albornoz convirtió esta práctica en un rito, y desde 1979 asisten todos los años al cementerio para recordar y acompañar a sus seres queridos. Su forma de recordar tiene características más espirituales, sin cotillón ni champaña.

Con el pasar de los años, algunas familias conocieron la costumbre de los Opazo Albornoz, y comenzaron a reproducir, por imitación, esta singular práctica.

De este modo, el rito se popularizó entre los talquinos y actualmente son miles de personas las que deciden año tras año pasar aquella fecha en el Cementerio General de Talca. A esta tradición se ha unido mucha gente, entre ellas autoridades comunales, como los alcaldes, o personas de otras ciudades que aplicaron el modelo en sus respectivas comunidades.

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